21 diciembre 2009

¿Qué he hecho?

Y sentí el deja-vù de mediados de octavo.

Ay María Claudia, ¿Por qué ese día tenías que abrir esa ventana? Supongo que de no ser precipitada como eres, de pensar las cosas un par de veces, podrías haber seguido ignorando cuanto extrañabas sus chistes matutinos, sus bromas sin sentido. Cuánto extrañabas al amigo incondicional que solía entretenerte hasta altas horas de la noche sin precio alguno. O quizás si, un precio que no accesible para tu corazón. 

Lo habías hecho tan bien, pero caíste en la tentación, hiciste doble click, y luego metiste la pata. Aunque te comprendo, hasta cierto punto que no llega a tu torpeza, comprendo lo difícil que debe de ser que alguien te importe y te obligues a sacarlo de tu vida por motivos que escapan de tus manos.

Difícil, ¿No? Sí, pero todo en la vida suele ser difícil, a veces tienes que renunciar a lo que quieres para poder seguir de largo, sin importancia. Aunque no, tú no podrías ser indiferente con alguien que quieres al menos la décima parte de lo que alguna vez, hace casi cuatro años, lo quisiste.

¿Y si tienes miedo a que te odie? Sácalo, él sólo quería una explicación y ya se la darás. Aunque no entiendo cual, si es que nunca excavaste por terrenos sentimentales. Eres una pequeña gran confusión María Claudia, terrible confusión en tu cabeza. Siempre mirando a lados equivocados, pensando en chicos que no aparecen hace casi mas de dos años, y obviando que tienes a un gran tipo al costado. A uno que volviste a dejar ir.

Por eso yo te digo, la razón. Se piensa con la razón, y no en algunos momentos, sino siempre.

La razón debe ser el timón del corazón, y no al revés.

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