23 diciembre 2009

Maldita ley de la atracción.

Porque algunos deseos (y no deseos) sí se hacen realidad.

Él volvió a la esquina. Yo volví a la esquina. A nuestra esquina, que enpolvada guardaba las migajas que alguna vez me guiaron hacia el desamor. Hacia él, y su skater clásico, que sigue intacto de nuestras caricias.

Sí, volvimos a la esquina, sin embargo, esta vez no me quedé. Seguí caminando, aún cuando mi corazón latía, tentándome a regresar. Seguí caminando dejando su aroma impregnado en la vereda. Seguí caminando, con la tormenta de recuerdos, en dirección a él.

Volvimos a la esquina, sin embargo esa ya no es mi esquina. Esa fue la esquina de una María Claudia que quiso enamorarse, y falló en el intento. De una María Claudia que ya no lo volverá a intentar. Bueno, al menos no con aquel que reside en ese rincón, y desborda en tentaciones.

Si, ya no volverá, aún cuando sabe que ha vuelto, para quedarse, el tiempo que quiera.

Esta esquina ya no es mi esquina, y este amor, ya no es mi amor.

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