Los conocí a cada uno por separado; ella era la chica nueva, y él, el chico que creía ser chévere. Los conocí por separado, y nunca se me cruzó por la mente que encajarían a la perfección con la que encajan las piezas de rompecabezas. Y todo cambió cuando los vi juntos, porque fue en ese momento que supe que no había duda y circunstancia alguna que lo negara: ellos eran el uno para el otro.
Durante años parecía que nada sucedería, ella no se daba cuenta, y él no quería darse cuenta, pero yo siempre supe que tarde o temprano la máscara de amistad que ambos tenían se rompería. Y así fue, una noche de esas tantas, donde comenzaría la revolución más grande de sus vidas, él se quitó la máscara, y no perdió tiempo para despojarsela también a ella.
Fue esa noche donde todo cambió. Ella dio un giro de 180º a su vida, y él no sabía cómo abandonar un rumbo antiguo para seguirla. Hubieron baches que dejaron morados sus corazones, otros que parecían destruirlo, sin embargo después de dos años de aquella noche, finalmente dejaron de ser algo más que amigos. Dejaron de ser esa nosequécosa, y se convirtieron en lo que nunca soñaron.
Finalmente, y todo esto ha sido una de las locuras más increíbles de mi vida, una de las historias más interminables, románticas, con la gota de gracia y melaconlía que las historias de amor suelen tener. Porque detrás de todo gran amor hay una gran historia, una que te hace pensar que hay alguien para ti. Aunque no lo quieras ver, aunque lo niegues, aunque intentes alejarte de su recuerdo, poner una barrera para evitar sentir lo inevitable.
Hay alguien que te espera, aunque no lo conozcas, aunque no sepas quién es.
Ese alguien te espera, me espera. Sin embargo a ellos no, porque ellos siempre han sido ese alguien, para el otro.
I'm so glad they made it.
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