24 diciembre 2009

Intercambio de regalos

La primera de muchas otras cenas navideñas.

Fue lindo. Aún cuando se demoraron un par de horas en llegar; aún cuando una no llegó. Aún cuando estaban desesperados por comer. Aún cuando a la hora de la hora, los chistes llenaron más la barriga que la comida y otros nos hicieron repeler uno que otro plato, fue una linda, muy linda noche.

Andrea, volvió a mostrarse como la mami de todos, por su colaboración y detalles que una mami, siempre suele tener, mientras César se convirtió en mi refugio contra el cansancio y el vino se volvió el plato principal de la mayoría, por no decir todos. Daniela, dejó su tristeza de lado, y aún cuando no recuerdo en que momento partió, la vi reírse un par de veces, y me alivió que la melancolía no tocara su puerta, al menos esta noche.

Luego vino el intercambio de regalos, con sonrisas que no tenían precios, y abrazos que valían el doble de lo normal, porque valían tiempo, y cada detalle especial que cada uno pudiese tener.

Después, Christian me llevó de vuelto a esos días febrerinos donde una lata de cerveza junto al cronómetro, eran nuestros mejores aliados. Sin embargo esta vez su cuerpo falló, y del juego, pasó a hablar cada cosa, sí. Cada cosa.

-¿Qué hubiera pasado si...? -Comenzó
Claramente, obvié la pregunta. Una porque era tonta, dos porque no venía al caso, y tres, porque era tonta. Así que hice lo que mejor se hacer: Ir por la defensiva. Dar golpes leves, que aún cuando no interesen al oponente, me alejan lo suficiente del tema como para no llevarlo a mi cabeza. La verdad, es que antes, antes, antes, (me refiero a hace un año casi) se me cruzó un par de veces esa pregunta. Y creo que las opciones eran dos: o pudo haber sido una de las experiencias más lindas, románticas, indescriptibles, que pude tener en mi vidam, como levantarme y acostarme enamorada. Con mil ideas y sorpresas en mi cabeza, detalles espontáneos, y cosas por el estilo. O, (esta es la opción que más prevalece) pudo haber terminado mal. Me hubiera cagado, y yo hubiera terminado con un gran corazón roto en las manos.  Y bueno, yo solo previne algo que pudo hacerme daño, por lo que fue de cierta forma bueno. Si, fue lo mejor.

En fin. Me quedé hasta el final, cuando el piso terminó suplicando una limpieza, y la mesa se burlaba de alguna que otra de mis torpezas. Fue una linda cena navideña, porque estuvieron aquellos que hacen que mis días sean más azules de lo normal. Aquellos que me roban sonrisas, aquellos que me hacen creer.

Los amo, no imaginan como. Los amo, terriblemente. Los amo.

Salud por la primera cena navideña, de muchas otras que vendrán. Siempre junto, claro.

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