Hoy todo se fue a la mierda.
Desde el lunes, la venía llamando para ver si podíamos rescatar los últimos hilos que quedaban de nuestro lazo fraternal, y tras varios rechazos hoy decidí que tenía que haber una decisión final. Esta era nuestra última oportunidad para volver a ser lo que éramos.
Y bueno, como lo pensé a ella le importó un carajo lo que yo sentía, y retomó lo que ella sentía. No comprende que su lugar nunca ha sido usurpado, sin embargo quiere creerle porque eso le gusta. Le gusta el drama, lo inestable, le gusta creer que tiene la razón. Y yo ya no estoy para eso. Ya no estoy para ella.
Ya no, por lo que después de un par de lágrimas, me calmé, y entendí que no podía obligarla a ser parte de mi vida. No podía, no puedo. Si ella quiere perderse momentos que otros atesoran, ya no es mi culpa. Lentamente me saca de su vida, y se marcha de la mía.
Tanto así, que un día encontrará la puerta cerrada, y ya no estaré de portera dándole la llave cada que le da la gana.
Mamá, me haces tanto daño, sin embargo eres una maldita necesidad en mi vida.
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