02 enero 2010

Primera duda exitencial de la década.

¿Qué te puede aferrar tanto a alguien? ¿Es el amor, el tiempo, el sexo, la costumbre, o el temor a la soledad?

¿Qué es lo que te une tanto a otra persona, que te lleva a pensar sólo en ella, y olvidarte de ti, y de lo que creías correcto?

A ciencia cierta, no lo sé. Y aunque no sea una científica, como el gran Del Pino, planteé mi hipótesis: La causa de aferrarte tanto a alguien, al punto de olvidarte quién eres, son las relaciones formales. O todo lo que requiera un compromiso.

Y estos meses, pude evaluar, analizar y experimentar a través de terceros. Vi relaciones surgir de la manera más dulce que jamás imaginé, de esas que te empalagan el alma y te hacen soñar. Sin embargo, luego de un tiempo, el sabor les cambió rotundamente. Lo dulce fue reemplazado por lo agrio de peleas que aumentaban. Unos más se enamoraban, otros se desenamoraban, mientras los pasillos se llenaban de retazos de corazones rotos, y alguna que otra lágrima escondida.
Las sonrisas escondían dolores ajenos, y los problemas nunca hirvieron tanto, en cabezas ajenas.

Sí, por unos segundos pensé que las hormonas, la edad, y la poca inestabilidad emocional eran las causas primordiales. Sin embargo, cuando pensé que las relaciones malas, giraban entorno a la inmadurez, recordé. La recordé, y recordé todos sus amores, corrección; recordé todos sus desamores. El abogado, el bueno para nada, el bombero, el vago, el buena gente, el vendedor, el exitoso, el 'bacán'...

No, las relaciones fructuosas, no tenían ni tienen nada que ver con la edad. Tienen que ver con eso mismo, con las relaciones.

¿Mi conclusión? Nunca se puede amar a alguien más de lo que se ama a uno mismo, nunca, y para no llegar a ese punto, no se puede tener una relación.

Y este año me pondré a experimentar, dejando que enamorarse me este permitido. Sin embargo queda rotundamente prohibido, dejar entrar el término relación -o todo lo que implique una conección formal, con alguien- al inestable plano de mi vida.

No, María Claudia no quiere un corazón roto, así que nunca pidan tanto.

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