11 enero 2010

Ay ay.

La música sonaba y yo intentaba huir mientras él cogía mi mano para bailar. Me había dicho que esa noche, a única regla útil era estar a cien metros de él, y no sé como terminé a milímetros de su rostro.

En esos instantes desperté, con el corazón en la garganta, y mis labios maldiciendo mis sueños.

En esos instantes desperté, con ganas, por primera vez en el año, de no haber soñado.


1 comentario:

Katy dijo...

Ay nosotras y nuestros sueños locos ):