La música sonaba y yo intentaba huir mientras él cogía mi mano para bailar. Me había dicho que esa noche, a única regla útil era estar a cien metros de él, y no sé como terminé a milímetros de su rostro.
En esos instantes desperté, con el corazón en la garganta, y mis labios maldiciendo mis sueños.
En esos instantes desperté, con ganas, por primera vez en el año, de no haber soñado.
1 comentario:
Ay nosotras y nuestros sueños locos ):
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