29 enero 2010

La antonimia de soñar.

Te despiertas sudando, con el corazón, otra vez en la garganta. Soñaste que regresaba alguien de tu vida, y era un error, un completo error. Drama por aquí, drama por acá. Todo muy real, muy vívido. Tanto así, que te levantas maldiciendo esa increíble capacidad de tu subconciente para crear realidades alternas, que quizás no sean más que deseos ocultos.

Después sales a correr, intentando olvidar la mala noche que tuviste, hasta que frenas en seco. Te detienes porque ves una pareja recostada a los pies de un gran árbol, justo donde da el sol. Parece la escena perfecta y por un segundo quieres eso. Lo quieres con toda tu alma, quieres tenerlo.  Quieres que la escena te pertenezca, y el diálogo salga de tus labios. Quieres enamorar bajo ese árbol, y sonreír mientras un brillo de sol ilumina el rostro de quien amas.
Lo quieres, lo anhelas, lo deseas.

Luego te acuerdas que horas antes, tu perro orinó en el mismo árbol.

Y es en ese momento cuando te das cuenta que soñar despierta, es mucho mejor que la realidad.
Ah, y que tus sueños involuntarios, claro.

1 comentario:

Anónimo dijo...

AMO ESTA ENTRADA. Demasiado buena, en serio :)