10 enero 2010

Crónicas del diablo azul I.

Entró a nuestras vidas el 20 de Marzo del 2001, con una sonrisa algo hipócrita, y una caja de sublimes blancos.

En esa época, sólo éramos mi mamá y yo. Él último especimen de su lista de relaciones fugaces, se había marchado, y  la había dejado con el corazón roto en manos. Y por noséquévez, yo fui su pañuelo de lágrimas, su consejera, su psicóloga, su mamá. Sí, había pasado otra vez, y se había ido otro más. Eso, sumado a su diaria soledad, y el reciente matrimonio de mi papá, la habían vuelto vulnerable al amor, a los te quiero, a las palabras bonitas, y las acciones disfrazadas. Eso, la había vuelto una presa fácil de cualquier cazador.

Y él, desafortunadamente, era de los mejores.

Por lo que fue así, que la primera noche de semana santa marcó el camino para que nuestros cuatro años de infierno comenzaran.

Y para que creciera, aún más, mi rechazo a las relaciones.

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