-Estas grande, y ahora sí tienes que ver que hacer con tu vida. Cuidarte, porque nunca lo has hecho, y no deprimirte tendida en cama todo el día.
-Lo sé. -Susurró ella, y después de un par de palabras nos despedimos.
Sigue pareciendo la hija, yo la madre. Supongo que así jugamos ambas, pero este juego tiene que terminar cuanto antes, porque no sé hasta que punto pueda llevar su responsabilidad en mis hombros. Peor aún, ahora que cabe la posibilidad que de un positivo su vida se venga poca arriba, junto con su misma salud, y sus días de juventud.
Alguna vez lo dije, cuando el sentimiento es más grande que yo, lo bloqueo. Y esto me aterra, me aterra tanto que no me aterra, que bloquea mis sentimientos y me hace ser fría, aún cuando se que debería ser de las personas que más cariño le den.
Te amo mamá, te amo tanto que no te lo puedo decir porque se que cuando admita cuanto miedo tengo, me partiré en mil pedazos.
Y no me puedo partir, al menos no por ti, necesitas una sonrisa que parezca indestructible, y allí entro yo de nuevo.
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