Y El corazón siempre puede esperar.
Dejé que el mío esperara un par de días, a decir verdad, una semana, porque aún cuando mis ganas de verlo superan en creces cualquier sentimiento pasajero en estos días, sé que habrá un momento para recopilar palabras perdidas. Y verlo, se volverá algo mucho más interesante.
Por otro lado, la amistad es algo que nunca puede esperar, y de no haber estado con Alejandra ayer, lo más probable era que su paciencia explotara, y a larga distancia, la mía también.
Las cosas suceden por algo, y esta vez no culpo al destino. Esta vez la que eligió fui yo y me alegro de haber estado con mi mejor amiga porque ella me necesitaba.
En un parque a las doce, montando bicicleta, ayudando a calmar su paciencia, soportando sus malos ratos, y aguantando una que otra manía.
Para eso son las amigas.
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