Y hoy es un día de aquellos que quiero contar, aún cuando nada realmente importante pasó.
Después de la decadencia de ayer, mi cuerpo resultó acentuarse bien a mi buen humor, por lo que tuve una buena mañana, buena hasta que el infeliz de mi profesor de matemáticas (Con mucho aprecio ¿Realmente se le puede llamar profesor a alguien que copia procedimientos y es algo así como que inepto explicando?) me dejó afuera del salón, junto con la mitad de la clase, por llegar tarde (Vale la acotación de un par de segundos, porque el desgraciado vio que corría y cerró la puerta. Claro, él siempre nunca con sus berrinches).
Estuvimos una hora de clases afuera. Una hora que me perdí aburridas explicaciones y una hora que quizás me volvió algo -más- hueca en números. Pero pese a todo, de algo me sirvió, porque me di cuenta que no he sido lo bastante hija como para brindar apoyo a mi mamá, no he sido lo suficientemente valiente como para preguntarle que es lo que realmente tiene, por temor a que sea algo más grande que lo que la medicina pueda curar. Sin embargo creo que ella necesita escuchar que esos temores tienen que ser vencidos, así como yo vencí el mío y n cómputo decidí preguntarle su diagnóstico sin el temor a que ella exagerara, ni minimizara su enfermedad, pero el problema fue que el tiempo quedó chico y fue imposible leer su respuesta.
Aún con la mente con mi mamá, en el almuerzo, conversar con un amigo,que este año aprendí a conocer, me hizo olvidarme alguno que otro minuto de todo. Porque me animó mucho que creyera en mi, en lo que escribo y en lo que quiero ser. No recuerdo si me dijo 'vas a ser alguien' o 'vas a tener éxito' pero cual fuera su frase, me robó una sonrisa. Yo sé que quiero escribir, como también se que él quiere cambiar el mundo aún cuando no sepa que yo leí eso en uno de sus trabajos personales. Sí, es un gran chico, de los pocos que hay, de los que sabe que quiere, y de los que, estoy segura, conseguirán el éxito inmediato. Hablamos un buen rato, y sus palabras me impulsaron a terminar de escribir la historia que tengo desde hace dos años. Sí, dos largos años.
En fin, pasaron las clases, y ya en las últimas horas, me adueñé de la laptop, y leí el correo de mi mamá. Busqué el diagnóstico que me dio, pero no pude leerlo puesto que personas venían y se iban y aquello era algo que no me sentía a gusto compartir con todos. Leí un par de palabras, hasta que me quitaran la laptop. Por unos segundos me deprimí por lo poco que había leído, y no quise ver a nadie. Sin embargo, sin que los llamara aparecieron los mejores amigos que una chica en estado casi depresivo, pueda tener, para hacerla reír. Reí tanto que por unos instantes olvidé todo, por unos instantes olvidé cada detalle azul en el libro de colores de mi vida, y reí.
Yo reía y los miraba, es increíble que hallan personas hechas a tu medida. Amigos que no puedes imaginar fuera de tu vida. Desde los que quieres abrazar, hasta los que ansías ver y los que alguna vez solían importarte mucho.
Hablando de eso, hoy escuché un comentario gracioso acerca de yo, y mis gustos. Bueno, lo que solía ser mi gusto. Atiné a reír. Es raro que aún sigan con lo mismo, y más aún, que ya no me importe, no como antes que me sonrojaba, reía, lo negaba y hacía todo un lío. Ahora escucho y rio por dentro. Si cree que aún me quita el sueño, que lo crea. Si necesita pensar que es verdad, para que su ego llegue al sétimo cielo, que lo piense. Me da igual, a fin de cuentas, es una historia con varios errores de mi parte, momentos que jamás debieron suceder, que, felizmente ya cerré bajo candado.
Y gracias a mi muy mala memoria, no creo que encuentre la llave que usé.
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