Y hoy me entró la maldita sensibilidad.
(Aprecio mi habilidad para maldecir, siempre presente en esos días)
Supongo que la nostalgia se transforma en tu talón de Aquiles, una vez que tienes muy buenos recuerdos, que aún cuando quieras revivir no puedes. Y eso me pasó hoy, camino a mi casa, después de un día de risas, malhumor, y física.
La música había cumplido su papel relajando mis pensamientos hasta que escuché una palabra que casi hace que cruce en plena luz verde, y me estrelle con una moto. Rastafari. Dejé de sonreír, y cambié de emisora. Maldita radio. Supongo que eso pasa cuando a veces el destino quiere recordarte que alguna vez había existido el más hermoso rompecabezas de amor, jamás completado. Claro, él con su rebeldía innata, rompió las piezas, y nunca más volvieron a encajar. Maldito.Sin embargo esta vez no me remonté al verano de un desamor, sino al trasfondo de una amistad lejana, que parecía no tener fin.
Hablo de Ximena. La testigo de mi primera borrachera, de mi primer desamor. Vivimos meses de carcajadas y tonterías extremas, y me enseñó a ver la vida de otra perspectiva, la amistad con una nueva visión. Viví su historia de amor, siendo la testigo clave. Y ahora casi después de un años hemos decidido reencontrarnos. Ponernos al día y retomar lazos que nunca debieron soltarse.
Supongo que al final de todo, no son tan malditos estos días.
Sólo estaba un poco sensible, son estos días locos, donde siento que puedo llorar, odiar y amar, con la misma intensidad.
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