La montaña rusa va en descenso.
No me siento bien. Y lo peor es que no es un malestar que un par de pastillas calmen -si eso fuera posible, tomaría diez- sino es que, es como si, patéticamente, el fastidio emocional de un par de días atrás, se tornara físico, acabando lenta e increíblemente con mis defensas. Digo increíblemente porque mis defensas suelen ser de acero y es por esa razón que rara vez algo suele tumbarme, como decepciones, o estúpidos dramas que ocurren de vez en mes.
Supongo que es porque ninguna de esas cosas realmente causó un impacto emocional en mi, sólo fueron leves golpes contra un par de defensas que se encontraban en el camino equivocado, en el momento equivocado. Así como yo, un par de veces, sin embargo tratándose de un asunto importante de alguien que amo, como mi mamá, terminaron tumbadas, igual que yo en este momento.
Agonizando y pidiéndome que por un día no hiciera más que no pensar.
Sin embargo no puedo. No puedo porque mi cabeza piensa, piensa, piensa. Piensa demasiado en mis movimientos, -por esa razón es que suelo nunca arrepentirme de lo que hago, porque nunca no pienso- pienso en lo que digo -menos cuando estoy molesta- y en lo que hago -menos cuando llevo alcohol en la sangre- pienso hasta que mis neuronas revientan.
Pienso, pienso y pienso. Y hoy, que a penas puedo con mi sombra, pensar revienta mis defensas lentamente. Una por una.
Supongo que esta vez la montaña rusa necesita de un empujón para ascender, porque con este estado y ánimo, sólo seguirá cayendo, hasta estrellarse contra su propia luz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario