Él sigue con la eterna paciencia que no recordaba, tenía, y yo con las dudas exitenciales de toda mi vida. Él me roba un par de sonrisas, y vuelvo a dudar. Él va por la vida enamorándome, y yo sigo dudando.
Sin embargo, él desaparece un par de minutos, y ya lo extraño.
Y no hay duda alguna que corrompa esa oración.
Con su aquella forma de enamorarme tan única, y especial.
Pegadito. Despacito. Así te quiero, yo.
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