¿Qué pasaría si te preguntara si tú...?
¿Quieres ser mi parejita de prom?
Y lo escribí con una sonrisa. La misma que tenía en mi rostro cuando llené la carta de flores.
Sí, quería hacer algo especial, algo que él conservara y pudiera conservar en su baúl de buenos recuerdos. No quería una ventana de messenger, ni una grabación de celular, quería algo que le encantara tanto como a mi. Sí, quizás debía esperar a que él lo hiciera de una forma similar, sin embargo yo soy la que hace ese tipo de cosas, yo soy la loca que siempre sueña y prepara todo en el último momento.
Usualmente me gusta ser la que sorprenda.
Y, y, y, estoy feliz. Quizás porque logré hacer lo que realmente quería -sí porque ahora estoy en mi etapa de saber qué quiero, y que, felizmente ya no- y el momento en que encontró la carta me hizo darme cuenta que eso era lo que quería, y que no había sido en vano encontrar un papel amarillo, letras rojas, y pintar miles de flores. Lo irónico es que él ni siquiera lo imaginó, pensó que habíamos cogido la llave de su locker para fastidiar, y no para pedirle de una manera linda, si quería ser mi parejita de promo.
Después de pensar que María Claudia, había vuelto a joder su paciencia, encontró la carta dentro de su maleta, y se fue a un lado para leer.
¿Qué vas a llorar? -Le pregunté mientras me acercaba.
Sí, por dentro, como siempre. -Yo reí, y él me abrazó.
Fue un abrazo raro, quizás porque no es una persona cariñosa, y yo me limito a ver el cariño como una fuerza de inercia que cuando quiere me gusta y cuando quiere me agobia. Sí, fue raro, pero lindo, igual que cuando me dijo: Te quiero.
Y aunque no se lo diga seguido, yo también lo quiero. Vale mucho, quizás más de lo que yo misma lo pueda apreciar, y es una de los pocas personas por las que estas locuras salen con tanta espontaneidad de mi muy no cuerda, cabeza.
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