Te acompaño hasta Salaverry.
Sonreí, porque me pareció uno de los más lindos gestos que alguien jamás ha hecho por mi. Él me sonrió, y en aquel segundo encontré al hermanito que tanto había extrañado, a aquel que de ser un simple amigo pasó, en una nada de tiempo, a convertirse en una de las personas más importantes en mi vida, una nada que hoy dejó de verse tan lejana.
Sí, desde que él me había dicho que quería que nuestra amistad fuera como antes, yo sabía que iba a poner de su parte, para hacerlo, y lo estaba haciendo, y mientras más lo intentaba más me daba cuenta de cuanto lo había extrañado.
Había extrañado que me viera en mis momentos de locura, en mis momentos de risas, había extrañado jugar con él, y que en ocasiones me puteara. Había extrañado confesarle un par de secretos, escuchar otro par suyos, había extrañado sus consejos, y darle algunos míos. Y había extrañado, alto, aún sigo extrañando esas locas carreras con cronómetro de cerveza.
¿Me prometes que nunca vamos a volver a dejar de ser tan amigos?
Y un cruce de manos, fue la respuesta exacta para mi pregunta.
Hermanita, la verdad es que iba a la pre.
¡Idiota!
We're back.
2 comentarios:
¿Me prometes que nunca vamos a volver a dejar de ser tan amigos?
Tu post me hizo llorar .
Me identifico tanto.
Y ahora lo que queda, es no dejar de cumplir la promesa :D
Publicar un comentario