22 noviembre 2009

La noche del Oscar.

Y una noche, las rivalidades quedaron de lado. Una noche, dejamos la competitividad en nuestras casas y disfrutamos juntos juegos, bailes, actuaciones.
Esa noche disfrutamos siendo uno, aún cuando quizás el lunes volvamos a ser dos, dos diferentes promociones.

Esa noche fue nuestra despedida, a veinte días de finalizar el año escolar, los de décimo nos dieron el último adiós. Debo admitir que existieron partes donde no podía evitar sonrojarme, en el momento en que, maldita mi suerte, el cañón me enfocó directamente, o en el baile en ula-ula, con aquel que usualmente se sonroja cuando me ve, o me sonríe con cierto nerviosismo. Un baile, al principio algo incómodo que sin embargo terminó jalándome con la corriente.

Hubo bromas, tiros que salieron por la culata, y el destino se vio presente en Ale y Renzo. Sí, fue una noche para recordar, sin embargo, la noche no podía terminar sólo con la despedida de décimo, no. La noche tenía que terminar con nuestra huella. Y nuestra memorable Punta, fue la base de lo que sería la fiesta de agradecimiento.

No sé cuanto bailé, o con cuantas personas, sólo sé que me divertí, me moví hasta que mi cuerpo no daba más. Y después de la hora loca, como siempre, vino el drama. Daniela y Christian, a quienes veía interminables, ahora terminantes, luchaban una por no destrozarse delante de todo el mundo y el otro sufría la impotencia de no saber qué hacer.

El amor viene, el amor va. Y pese a todos esos momentos algo tristes, fue una noche para recordar.

Ahora aparte de agradecer a cada uno de la promoción 2010, sólo me cabe decir que disfruten el colegio al máximo, porque los días se van muy rápido, y antse que se den cuenta, ya será su último día de clases. Que dejen los remordimientos de lado, aprendan a perdonar, y aprendan a ser amigos.

Que aprendan a ser hermanos, como esta año, yo he aprendido a ser hermana de quienes nunca imaginé.

Gracias 2010 y gracias 2009 por darme tan buenos momentos.

No hay comentarios: