17 noviembre 2009

One of the boys.

Do do do.

A veces pienso que fui más niño que niña, de pequeña.
Y él me sonrió.

Aunque es la verdad.
Comenzando con que prefería mil veces un gameboy o cualquiera de esos juegos a una barbie, sin embargo mis papás parecían no entender, llenando mi habitación de esas muñecas sin gracia. En serio, tenía tantas que daba miedo, desde las normales, hasta las de colección (Sí, se molestaban en comprarme barbies patéticas que costaban no se cuantos dólares y no un pequeño juego adictivo). Sin embargo gracias a mi instinto destructor mezclado con unas gotas de torpeza todas mis barbies terminaban viéndose igual. Ropa cortada, cabello cortado, listas para la lucha.

Sí, me divertía jugando con barbies a la lucha. O a que eran brujas y tenían que pelear, a todo menos a la casita, al comedor, a tomar el té. Eso me aburría.

Y aún después de 16 años, sigue dentro de mi ese niño, que le encanta saltar, embarrarse, correr, jugar, y lo disfruta más que estar horas frente al espejo probándose ropa. Que le encanta escuchar esas raras conversaciones sobre juegos, y podría quedarse feliz un buen rato dentro de algún vicio.

Todo un niño por dentro. Sin embargo este niño siempre ha tenido un gran defecto. Desde pequeño le encantaba enamorarse, aún cuando le era muy difícil, y la mala buena, era que de otros niños.

Toda una niña podía ser cuando si se hablaba del amor.

Algunas chicas deberían ser así. 
Y yo, esta vez, le sonreí.

No hay comentarios: