07 noviembre 2009

Mamá y yo.

No sé porque, pero en algún momento de la noche, fui donde mi mamá, la abracé y le di un par de besos en la mejilla. Ella se quedó estupefacta, y después de un par de segundos sin decir palabra alguna, y mirarme sorprendida preguntó:

-¿Quieres algo?

-¿Qué?

-Nada, sólo me preguntaba si querías algo.

Y fue en esos momentos entendí las consecuencias de mi frialdad.

Yo nunca suelo ser así de cariñosa con mi ella. A decir verdad, soy tan cariñosa con ella, como lo soy con mis amigos, lo que es igual a nada, aunque suene crudo. Quizás en parte también porque yo la veo y trato como una de ellos. Como una más de mis amigos.

Lo que esta mal, mal porque ella es mi mamá y aún cuando no sea la tradicional mamá casera, que te resondra cuando debe, te de besos cuando quiere, y cocina con una sazón exquisita. Ella ha sido mi mamá durante todo este tiempo a su manera, con sus puteadas, sus bromas, sus chistes, sacando a delante, y demostrándome que hay fuerzas en lo más débil de tu ser.

Ella es mi mamá, y hoy recordé que amarla no basta si no se lo demuestro.

¿Claudia, qué pasaría si sale positivo?
Ay, mami, cállate, saldrá negativo y todo saldrá bien. Te amo.

Te amo mamá.

¿Y mi frialdad? Ese es un tema aparte que debo aprender a manejar.

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