25 noviembre 2009

Quiero mi descocido I

Hace casi una semana.
Él hablaba de ella, y sus ojos no dejaban de brillar.

Me confesó, por alguna extraña razón, que si alguna vez había pensado en dañar la relación, hoy se arrepentía, porque aquellos ocho meses habían sido tan increíbles que el haber pensado en desistir por algún momento loco, lo hacía sentir mal.

-Yo no podría con eso. -Dije con una sonrisa, algo melancólica.

-¿Por qué? -Preguntó extrañado, como si en serio me viera a mi, y a la palabra relación, en una oración, y con sentido alguno.

-Porque yo no sirvo para la estabilidad, o al menos para una relación. Soy más de momentos.

-Oh. -Dijo pensando un rato.

-Aparte, ¿Yo? ¿Con quién? No creo que haya alguien capaz de soportarme... -Y él rió.- No sólo eso, sino que le gusten las mismas cosas que a mi. -Él me dio esa mirada de burla.

-Tú también ps, tus gustos son para maricones. -Puse los ojos en blanco.

-No sólo eso, sino que disfrute leer lo que escribo, que le gusten las sorpresas que hago cuando me entra la locura, que me mire como si no existiera nada más. -Y ya me desviaba hacia lo utópico. Volví a tierra- y bueno, que me aguante así, algo jodida. O al menos que me de mi estatequieto.

Reímos.

-Si existe esa persona, estoy seguro.

-Ojalá

-Ya encontrarás a alguien, como dice el dicho: 'Para cada roto, hay un descocido'.

-Entonces yo quiero quiero mi descocido.

No hay comentarios: