La teoría del roto y del descocido.
Miren su ropa, y vean la costura, ahora rompan alguno de los hilos. El trozo que quedó en su mano, es un roto, y el que quedó en la camisa es un descocido. Ahí estamos nosotros, increíblemente logramos dividir al ser humano en dos precisas categorías sentimentales.
Los descocidos, son aquellos que buscan el amor y necesitan del amor para completar su felicidad. Suelen aferrarse mucho a sus sentimientos, y una vez que se rinden, corren a buscar más amor a la vuelta de la esquina. Desesperados, embobados, muchas veces se equivocan, sin embargo una vez que aciertan, sienten que han ganado la lotería.
Luego estan los rotos. Aquellos que son más de momentos, y disfrutan la vida lo más que puedan. No se hacen rollos ni por el amor, ni por el desamor. Tienen demasiadas cosas en la cabeza como para darle cabida a sentimientos inconclusos y paran más en sus sueños que en la realidad.
Viven la vida, y si llegan a encontrar al descocido ideal, pasan de ser nómades a ser sedentarios, haciendo la costura perfecta.
Viven la vida, y si llegan a encontrar al descocido ideal, pasan de ser nómades a ser sedentarios, haciendo la costura perfecta.
Yo soy una rota, y quiero mi descocido, uno que haya estado esperando el amor, y que mi llegada sorprenda cada uno de sus sentidos. Quiero alterar su vida de tal manera que se duerma y despierte enamorado. Quiero mi descocido, sin embargo no lo busco, porque se que en algún lado estará, esperándome, sin saber de mi llegada. Escuchándome sin conocer el sonido de mi voz.
Y amándome sin saber quién soy.
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