16 noviembre 2009

A la tercera, la vencida.

La primera fue en agosto, y debo confesar que quizás antes me alegró que por simple casualidad, llegara cinco minutos después que yo partiera. Sin embargo, cómo es la vida de irónica, sobretodo mi vida, que ahora que quiero, ahora que tengo todo listo, vuelve a quitarme la oportunidad de las manos.

Y desde hace más de una semana, planeaba el sábado hacerle la pregunta de una de las más locas maneras, espontáneas, muy al estilo María Claudia, con la excusa perfecta: Estudiar física. Inclusive tenía el pedazo de tiza, y la pequeña flor amarilla en mi bolsillo. Sin embargo, mi plan se estropeó, gracias a una de esas sorpresas que no quieres ver al abrir la puerta.

Cosas locas de la vida, supongo.

Quién sabe. En fin, de este fin de semana no pasa. Aún conservo el pedazo de tiza, y no creo que su vereda se mueva de su lugar, ahora sólo tengo que conseguir otra flor amarilla, aunque fácil, al costado de su casa, hay como que un pequello jardín lleno.

Ahora, sí, por favor, que esta vez no pase nada del otro mundo. Nada de sorpresas, porque acá la única que quiera dar una linda sorpresa, soy yo.

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