Ya pasó esa noche, a decir verdad han pasado muchas más después de esa, e increíblemente sobria, me divertí más que el año pasado. O al menos la parte que recuerdo del año pasado, porque la que no recuerdo, la que pasó hace un año y un par de semanas, creo yo, es una de las más grandes metidas de pata que tuve en mis 16 años de vida.
Y aquí comienza una de las más locas historias de María Claudia, a trabajar la memoria.
Siempre hay una etapa en tu vida donde crees que puedes vencer al alcohol, o que en todo caso, el alcohol no vencerá a tu conciencia. Eso, eso es mentira, lo peor que puedes hacer es retar al alcohol. Y aunque parezca imposible, peor que eso, es mezclar un par de shots de tequila, uno que otro vaso de ron, un poco de vodka, y unas gotas de amor reprimido.
La combinación perfecta para una noche terriblemente imperfecta, sobretodo si esa noche, era noche de brujas.
Sí, era noche de brujas, y yo había pasado de aquel amor de verano que me había quebrado un poquito el corazón, a uno algo, prohibido porque era una mezcla de emociones que juntaba un pasado, con mi inestable presente que creía no saber qué quería, aunque eso estaba claro.
Y lo quería a él.
Y lo quería a él.
Después del par de shots, y uno que otro vaso que tomé con Daniela -indispensable en mis grandes borracheras, comenzamos a bailar, pero no a bailar como personas que quieren bailar, sino como personas que quieren que el alcohol suba y baje sin control. Bailar como personas que quieren perder la conciencia, y embriagarse, por el simple gusto de pensar que aún después de todo, van a seguir sobrias. Par de tontas. Par de tontas que cayeron rapidamente.
No recuerdo exactamente en qué momento sucedió todo, o el orden de las cosas, sólo se alguna que otra frase, y algún que otro engaño mío.
'Mírame a los ojos'
'No importa porque mañana cuando me levante, te seguiré odiando'
'No importa porque mañana cuando me levante, te seguiré odiando'
'Me tengo que ir' Y después, lejos de un beso de despedida, le di un besito, de esos chiquitos, inocentes, de esos rápidos antes que se diera cuenta.
'¿Por qué me maltratas?'
Y luego él se fue.
Salió la dramática, la puta, la sufrida, la amorosa, la traviesa, pero predominó la estúpida inconciente que luego se lamentaría un poco, para luego dejar que todo pasara lentamente.
Sí, intenté besar a un chico ebria, le dije que lo amaba -de eso no estoy completamente segura- y luego que lo odiaba.Inclusive borracha, puedo ser una montaña rusa llena de emociones sin control, que sube y baja en una sola noche. Por esa razón, a veces pienso dos veces antes de tomar, aunque al final siempre caigo en la tentación, y surgen otras metidas de pata.
Pero ahora todo como que es diferente, porque ya pasó y ya no hay sentimientos reprimidos ni corazones que agonizan cada que bombea alcohol. Ese alcohol que crea la peor adicción en tu cuerpo, ese alcohol llamado amor.
Gajes del oficio.
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