12 febrero 2010

To the end of the world.

Si Dios hubiese separado la realidad (O sea, todo el mundo) y las dunas, en paraíso e infierno, este sería el paraíso.

Aquí podrías vivir toda una vida y vivir cada día mejor que el otro. Así de bueno es. Tiene todo todo lo que un ser humano puede necesitar para olvidarse de la realidad, deporte, aire freso, playa, piscina, cine hasta...todo, excepto claro, tu mejor amiga.

Y cuando ella realmente te necesita, este paraíso ya no se ve tan bueno. Este paraíso, va decayendo de a pocos, y te das cuenta que no debes de estar acá. Debes de estar a 318 kilómetros de lo que pensaste perfecto, para estar a su lado. Debes ir a la realidad para acompañarla con un corazón ahora morado.

Es así como me siento en estos momentos,  con ganas de estar a su lado, bromear, contarle mis enamoramientos casuales, un par de anécdotas, o alguna torpeza necesaria, que la haga reír y a la vez  olvidar que el amor, esta haciendo pendejadas en su corazón.

Que quiere pero simplemente no. Así como yo, que quisiera regresar, pero simplemente no.
Hasta que la vida me quiera de vuelta. O bueno, mi papá.

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