19 febrero 2010

Sus demonios.

Porque hasta quien menos lo imaginas, los tiene.

Pero en su caso es comprensible. Tú te imaginas una historia de amor de secundaria. Con campanas y claveles, con coros de ángeles y sonrisas perfectas. Después termina el colegio, sales de esa burbuja de secundaria y te das cuenta que sólo fuiste tú. Tú y tu cabeza, tú y lo que sentías.

Supongo que cuando eso sucede y aterrizas después de casi tres años, el golpe duele. Los labios queman, tu garganta arde, y minutos después te das cuenta que todos los ángeles que tenías en tu cabeza, se transformaron en demonios.

Y es así como terminas gastando tu noche, con una botella en mano, y mil y un demonios saliendo de tus labios.

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