08 febrero 2010

Memoria.

Recuerdos, eso es lo que hacen nuestra vida, nuestros buenos y malos recuerdos.

Claro que tu guardas los buenos, los atesoras en un espacio de tu mente al cual tienes acceso una vez al día, o al cual te permites visitar cuando la melancolía toca tu puerta. Si, imposible olvidar los buenos momento, pero, ¿Y los malos? ¿Qué haces con los malos recuerdos? ¿Acaso se desgastan hasta desaparecer por completo o puede nuestra memoria eliminarlo voluntariamente?
¿Alguna de esas opciones son viables?
 ¿Y de ser así, cuanto tiempo han de tardar? ¿Horas, días, meses...años?

Hoy entre risa y risa, encontré mi caja de recuerdos del año pasado. (¿Grave error?) Con mi mundo entero. Desde hojas secas, cartas para diversos destinatarios, frases que no recordaba, hasta sentimientos no retornables, que había dejado guardados en uno de esos rincones de tu corazón que te abstiense a visitar, hasta que te des cuenta que por hoy, no sólo son más que un cosquilleo dentro de ti.

Hoy, entre risa y risa, yo lo visité. Majo me acompañó en mi travesía. Y recorrimos desde los buenos hasta los malos momentos, aquellos de los que no me arrepiento, aún cuando se que fueron un error, porque son cosas que te ayudan a crecer, y a mi, me ayudaron a recordar no olvidar que no debo de dejar de ser precavida en todo lo que tenga que ver con el amor.

Que el corazón es algo muy preciado y si quiero volver a entregárselo después de exactamente dos años debo de tomar las precauciones debidas. Lo que tampoco quiere decir, que deba arruinar momentos especiales, o poner excusas tontas.
Debo evitar bloqueos, y sólo dejarme llevar por el viento.
Evitar pensar, y dejar que los sueños me hagan volar una noche más.

Sólo debo dejar que los momentos fluyan, y que la magia se esparsa.

Y finalmente dejar que mi vida se vuelva un incomparable recuerdo el cual, pueda dar luz, a cualquier alma gris.

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