15 febrero 2010

Pasó nuestro cuarto de hora... pero aún sabíamos reír.

Y aún lo sabemos, pero ¿A quién engañamos? Ambos sabemos que no somos más que viejos conocidos, con historia, que ahora intentan amortiguar la soledad.

Ambos sabemos que la magia no es eterna, y en este caso, no es renovable. Porque en estos días de sol intenso y azul eterno, descubrí que su magia en mi caducó cuando el se marchó de mi vida dos años atrás, y que últimamante, lo único que creí sentir dentro mío, no era más que la sorpresa de que tropezara en mi camino después de marcharse sin decir adiós. Ese, te quiero porque no te tengo inevitable que siempre toca la puerta de nuestros corazones. Sin embargo, ya no soy esa María Claudia. Ya no soy  esa chica de décimo que se moría por el chico malo. Ese que hacía lo que quería, cuando quería, que iba y venía sin ser llamado. Ese que robaba tu corazón y olvidaba devolvértelo.

Y ya no soy la chica de quince días atrás, que lo aceptó en su vida debatiéndose entre demonios absurdos, que simplemente querían decirle lo que estaba claro en su corazón, debajo del polvo de fantasías pasadas. De encantos pasados, muy pasados. Encantos que  parecieron haberme enamorado tiempo atrás, y por hoy, perdieron contra mis defensas.

Él desde hoy esta descartado de mi lista de amores, porque si bien es cierto somos dos viejos amigos con historia que juntos la pasan bien, se olvidaron de qué era increíble.

Increíble es llenar cada milímetro de tu cuerpo con su voz, increíble es, es sentirte enamorada de pies a cabeza. Eso es increíble.
Y  no importa cómo lo pongas, bien nunca será increíble, y nunca logrará enamorarte.

Ay cordura, ¿Dónde te has metido toda mi vida?

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