06 febrero 2010

Talk with me now, and into the night.

No teníamos taxi.
No teníamos ánimos.
No teníamos zapatos.

¿Y adónde fuimos a parar? A un restaurante de Caldo de Gallina, abierto las 24 horas, en la avenida Universitaria. Preciso para una noche de aquellas donde dos amigas se olvidan de absolutamente todo, por absolutamente una nada.

-Ya no duermo, gorda. -Le dije tomando una cucharada del caldo que compartíamos. Recordando últimas noches donde podía cerrar el ojo, a las cuatro de la mañana.

-¿Por qué?

-No sé, porque pienso. Pienso, pienso, y pienso. Pienso en cómo quiero que salgan las cosas, pienso en cómo creo que saldrán o en como creo que no y todo termina saliendo completamente diferente. Como puedo odiar eso.

-Algo así me pasa. ¿Sabes? Cada vez que discutimos, hay tantas cosas que quiero decirle, así que las pienso y en mi cabeza suenan perfectas, pero cuando se lo digo es como un entrevero de palabras que no congenian entre sí...cuando se lo digo todo suena tan, tan mal, que me siento idiota.

-Quizás es porque no deberías pensar tanto en lo que le quieres decir. O quizás inconcientemente él te intimida.

-No, no creo, no lo sé, pero siempre, siempre me pasa, y me cansa terriblemente.

-Lo imagino. Para mi es peor Ale, porque esto ya es una cosa de locos. En serio, es como si cada pensamiento en mi cabeza, se convirtiera en un capítulo de la historia de mi vida. Un capítulo con mil finales, mil. Mil finales que evalúo, describo, analizo...

-Estas loca. -Bromeó.
-Así dicen, pero ya lo sabías. -Ambas reímos y aproveché la oportunidad para contarle alguna de mis tantas fantasías, sin omitir detalle alguno.
-Eso es algo que tú no harías. -Me dijo ella con una sonrisa, cuando terminé de hablar.

-¡Lo sé! 

-¿Y por qué gorda? ¿O sea, por qué imaginas algo que no harías en la vida real?

-Supongo que es porque cuando fantaseo, no sé, es como si pudiera ser capaz arriesgar sin posibilidad alguna de perder. Ahí no tengo temor de decir qué siento, porque ahí, no hay razón para ocultarlo. Ahí no tengo razones para huir. Ahí están las historias de amor nunca antes vividas, donde no existen corazones rotos, y la posibilidad de que alguna vez te hieran, es infinitamente nula...yo, supongo que es por eso que imagino tanto. Porque en mi cabeza, en mis fantasias, no me pueden herir ni romper el corazón. Eso, eso no existe dentro de mi, dentro de lo que quiero, dentro de lo que pienso. Ahí el amor es amarillo, y no hay cabida para el gris.

En esos momentos nuestros ojos se cristalizaron un poquito. Sí, eran las cuatro de la mañana, estábamos en un restaurante de Caldo de Gallina en la Universitaria, descalzas, sin medio de transporte, y queríamos llorar por razones completamente ajenas a nuestra espontánea situación. Queríamos llorar por mis pensamientos, algo cursis.

-Quiero...quería...llorar. -Dijo Ale finalmente.

-Yo también. -Le dije, mientras daba un largo suspiro.- ...en fin, creo que por eso me fascina escribir, porque necesito sacar todo lo que pienso, lo que sueño ya que de no ser así...con esta cabeza que tengo, me volvería completamente loca.

Y dimos nuestra última risa dentro del restaurante, mientras pagábamos la cuenta, rumbo a casa, sin idea alguna de cómo llegar. 

Sólo las dos, por el mundo...como si fuera algo nuevo.

No hay comentarios: