Mary...¿Me creas un msn?
¿Correo?
Si, eso, para hablar con mis amigos.
Yo sonreí, mientras la nostalgia, con una máscara de diferente color, se asomaba a mi puerta.
El tener hermanos menores con una diferencia de ocho, nueve, diez (o casi once) años es para mi, como tener hijos. O hermanijos. Una extraña mezcla de la frescura, la confianza liberal, y los eternos fastidios que tienen los hermanos, junto con la nostalgia, el afán de protección, y las puteadas maduras que tienden a presentar los padres.
Paulo es el mayor, el más independiente, el compañero de juegos. Él es confidente, y tan maduro como niño a sus cortos 8 (casi) 9 años.
Luego esta Mica, la menor. Ella es la que ríe, llora, juega, jode, y vive con la misma intensidad, una bombita que en cualquier momento puede estallar.
Y finalmente esta Giulio, él no es el menor, sin embargo es el que más me necesita. Vivió una historia un poco más oscura que la mía lo que hizo que no fuera un niño social. Mas bien, durante un tiempo vivía solitario, amargado...y eso me rompía el corazón. Porque claramente era una forma de desahogar la tristeza que llevaba adentro. Tristeza que con el paso de los años, todos vivimos luchando.
Por lo que cuando me pidió que le creara un correo para hablar con sus amigos, cuando me contó que se divirtio más que nunca...cuando lo hizo, quise llorar. Quiero llorar. Probablemente sea porque estoy en esos días malditos, pero ver que él ya no es ese niño problemas, que esta creciendo y madurando. Que esta viviendo y riendo...eso es el motor de mis días.
Y aunque no sea buena demostrándolo, aunque a veces sea otro niño más, yo los amo. Y esos tres pequeños son mis tres grandes amores.
Son mi vida.
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