Definitivamente, en mi vida nada es lo que debe de ser.
Debía levantarme a las nueve, para bañarme, cambiarme, relajarme e ir a buscar a Ale Alvarez -una amiga de la universidad- con la cual finalmente iría a recoger mi horario universitario.
Sin embargo, la realidad fue esta: Me levanté a las 7:22, por lo que después de bostezar y darme cuenta que era relativamente temprano, caí en la tentación de dormir un par de horas. O eso creía yo. Tan inmersa en mi sueño, reviviendo épocas escolares, olvidé calcular el tiempo semi-dormida y cuando abrí los ojos eran las 10:40.
Mi corazón paró en seco. A las 11:30, me iban a dar mi horario y dentro de diez minutos tenía que estar por la casa de Ale A.
Un par de segundos de caos, reproche, y "Qué miércoles haré ahora" en mi cabeza, hasta que en veinte minutos hice todo lo que no había hecho momentos antes: Le dije a Ale que viniera ella a mi casa, me bañé, me cambié, y la esperé en la puerta. Cogí un taxi por temor a llegar tarde y que no me entregaran nada, pero fue en vano.
Llegué con tiempo de sobra, aprecié la universidad y el paisaje. (Con paisaje definitivamente no me refiero a lo natural, ni arquitectónico, si entienden).
Ahora tengo mi usuario de la UPC, y un horario que esta en algo, tiene horas de completo relajo, y otras donde no sé cómo haré para mantenerme concentrada, sin embargo, aún cuando mi lunes comience con Mate, mi viernes le saca una sonrisa despidiéndome con taller de creatividad.
Y no puedo esperar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario