Hoy recordé lo que una persona de poca importancia, me dijo al día siguiente de conocer a la compañía más dulce que jamás tuve, a ese chico que en estos momentos me roba una inmensa sonrisa. Como aquel día mientras releía lo que había pasado aquella tarde, con el corazón cabalgando en felicidad y endulzándome la sangre.
Sí, muy lindo, hasta que me malograron la mañana.
¿Por qué tuvo que abrir mi conversación y tomarse el tiempo para ser un idiota? No comprendo. A mi, él me viene y va. Ya no detiene mi corazón, ni ejerce poder alguno su presencia en mi torpeza. Desde hace tiempo que ya no lo hace, sin embargo no comprendo sus ganas de joder esa mañana.
Y cómo lo hubiera pateado.
Si, eso pasa cuando idealizas a alguien y después que pierdes el encanto te das cuenta que nunca fue quien realmente te gustó.
Te encaprichaste por alguien que creíste que era tu príncipe, aunque resultó ser una de esas tantas ranas que abundan en los estantes.
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