-No te voy a decir que estoy enamorada, o que me desvivo por él, porque es mentira. Sólo sé que me gusta conversar con él en las noches, me gusta que me haga reír, y me gusta hablar de tonterías...yo, bueno, eso, es lo único que sé gorda.
Y sus ojos me analizaron un par de minutos, después me sonrió.
Sabía que me creería porque si algo sabe Alejandra de mí, es simplemente todo. Sí, ella me conoce literalmente desde el pelo hasta la punta de los pies, y en este tiempo he descubierto la facilidad que tiene de saber qué pienso y qué siento con tan sólo una mirada. Ella sabe cuando miento, cuando la melancolía intenta ganarme la batalla y cuando pierdo en el completo intento de instaurarme un gusto.
Ella sabe que esta vez no miento.
Le di una sonrisa y volví a cantar, mientras el olor a óleo y pintura se impregnaban en mi aire.
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