27 septiembre 2009

Imperfecmente, perfectos.

Toca hablar de los consanguíneos, y de las primeras causas de mi actual inestabilidad emocional.

Quizás fue la edad, pero mi sueño de familia siempre había sido, papá, mamá, un par de hermanos, tres perros, una enorme familia, y al final yo, la engreída, la más pequeña. Sin embargo la realidad fue cruel con mi sueño, y cruda conmigo.

Mis papás se separaron un varias veces, gracias a sus interminables discusiones de adolescentes intentando ser padres, antes de divorciarse. Mi perro, el estéril, se fue con mi papá, y no tuve hermanos hasta los ocho. Nunca supe qué era tener una base familiar completa, ni mucho menos fui capaz de ver relaciones amorosas estables por largo tiempo, al menos no por parte de mi mamá, ya que en su soltería pude ver el daño que el amor en exceso te puede causar, y por qué tener una relación puede ser igual de malo que bueno. Sí, lo que me trajo como consecuencia tenerles recelo, pero eso es algo que contaré luego.

Sin embargo, aún con mi sueño de familia destrozado, si algo es cierto, es que las cosas siempre pasan por algo. La vida te quita, y la vida te da.

La vida me quitó mi sueño de pequeña de dos años, pero me dio dos familias: una estable en su plenitud, y la otra que lucha por hacerlo. Aprendo de una, enseño a la otra y divido mi tiempo entre los problemas de una y las soluciones de la otra.

Divido mis domingos entre ellas, y es una de las costumbres más dulces que he tenido hasta hoy.

No me puedo quejar. Tengo un perro, tres hermanos, y las incontables anécdotas de mi papá  y mamá,  que por separado, me llenan de vida.

¿Sabías que tenía un club de fans? No, ¿no?...

Sí, lo sé desde que tengo uso de razón papi, pero igual vuelvo a reír, con inestabilidad emocional, intentando ser la héroe cuando a veces soy la que necesita ayuda, amo mis familias.

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