20 septiembre 2009

Un primer casi amor.

Tenía trece años la primera vez que lo ví. Él, era dos años mayor, y yo la típica chica que se enamoraba del amor.

Recuerdo haberle sonreído, recuerdo haberme sonrojado. Recuerdo mis nervios y un par de mariposas de más. Recuerdo cuanto me gustaba, y mi vacilar. Recuerdo cuando él me hablaba y yo me desorientaba. Recuerdo el comienzo, como una de las formas más tiernas en que las historias de amor comienzan: con inocencia, ternura, y quizás un leve golpe del destino.

Después de un par de meses de conocernos, él comenzó a buscarme a la hora de salida, y yo, o huía, o hablaba en exceso gracias a mis enormes nervios. Y aún cuando  no era fácil de comprender, o fácil de seguir, él siguió allí, encantándome, y pintando mis días de lo que yo creía, era estar enamorada.

Pero claro, fiel a mis miedos, arruiné todo. Quebré lo que quizás pudo haber sido una tierna historia, en una fiesta que suponía ser un comienzo y no un final.

Un sí, se convirtió en un no, aquel no que me hizo no saber de él hasta este año.

Sí. Él esta de vuelta en mi vida.

Con pocas palabras se insertó en mi día a día, y ahora no quiere sali, con el humor exacto y la dosis perfecta para robarme un par de sonrisas cuando lo he necesitado.

Esta de vuelta. Y me lo recuerda todas las noches.

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