En serio no sé qué es, pero siempre hay algo inusual en cada taxista que conozco: coquetos descarados, políticos de izquierda, atrevidos en extremo o aquellos sabios abuelos. A veces, lo inusual, sucede por ellos y su naturaleza, otras, lo ocasiono yo y mi larga lengua.
Sea como sea, es ley: siempre que subo a un taxi algo sucede.
Sea como sea, es ley: siempre que subo a un taxi algo sucede.
Revivamos el pasado. El coqueto descarado fue aquel que intentó conseguir mi número con la excusa de que no tenía amigos en Lima y yo, y mi inevitable cara de niña, éramos una opción viable. Atiné a bajar en la esquina. El político de izquierda fue un revolucionario cansado de la injusticia social. Debatí con él hasta desangrarme, bueno, hasta llegar a mi casa; sin embargo, de igual forma él votó por Humala. Luego, el atrevido en extremo con sus palabras tan poco normales: "Nunca has tenido novio? No lo asimilo. Cómo es posible que nadie haya besado tus labios?". No esperé más: me lancé a la vereda.
Mis taxis y yo: una racha de inusuales anécdotas que contar y aunque la de hoy no sea tan rara como las anteriores, debo admitir que me dejó pensando... y todo gracias a él: el sabio abuelo.
Tendría no más de cincuenta, una voz rugosa y una carisma y simpatía que rara vez se tiene en pleno tráfico de la seis. Su buen humor me dio curiosidad, por lo que le hablé y aunque no fueron más de diez minutos de camino, aún recuerdo con exactitud cada cosa que me dijo:
"¿Dieciocho años? Eres una nena. Una nena que tiene cara de nena y aún no sale del cascarón, pero mira y escucha nena, que aunque aún no hayas vivido nada estás en la mejor etapa de tu vida. Dieciocho -suspiró-, dieciocho añitos, si, definitivamente estás por vivir cosas que jamás imaginaste vivir antes. Cuídate mucho, el mundo es muy grande, muy bueno cuando quiere, muy malo cuando puede. A pesar de todo eso, tu se feliz. Tu vive. Tu disfruta cada minuto que respires. Tú, sólo hazlo... y uy, me quedé sin gasolina"
Fruncí el ceño, esperando que fuera una broma, pero no lo fue: literalmente el carro, sin gasolina, se detuvo en medio de la pista. El sabio abuelo prendió y apagó el carro un par de veces y, magicamente, el carro volvió a prender y no sé cómo, llegamos al grifo de la esquina.
El señor no tenía mucho dinero, así que le pagué y como yo ya estaba a sólo un par de cuadras de mi casa, decidí bajarme y caminar.
Rumbo a mi casa, no pude evitar pensar en sus palabras y cuestionarme: ¿Estoy viviendo realmente mi vida? En esos momentos recordé cada momento de este año y sonreí: Sí, si la estoy viviendo. Quizás no de la manera correcta al cien por ciento, quizás no de la manera perfecta, pero, a mi manera tan particularmente imperfecta, la estoy viviendo. Estoy creciendo, cayendo y aprendiendo. Me estoy diviertiendo. Me estoy conociendo y estoy conociendo...
Rumbo a mi casa, no pude evitar pensar en sus palabras y cuestionarme: ¿Estoy viviendo realmente mi vida? En esos momentos recordé cada momento de este año y sonreí: Sí, si la estoy viviendo. Quizás no de la manera correcta al cien por ciento, quizás no de la manera perfecta, pero, a mi manera tan particularmente imperfecta, la estoy viviendo. Estoy creciendo, cayendo y aprendiendo. Me estoy diviertiendo. Me estoy conociendo y estoy conociendo...
Ahora no puedo evitar sonreír.
Sí, no sé si esta realmente sea la mejor etapa de mi vida, pero de igual forma me estoy asegurando de vivirla y vivirla bien. Y eso es algo que todos deberían hacer: olvidar los pucheros, desechar las tristezas, enjuagar las lágrimas, olvidar la amargura, dormir el cansansio y, finalmente, vivir. Vivir y sonreír. Vivir y divertir. Vivir y compartir. Vivir y arriesgar. Vivir y caer. Vivir y levantar.
Vivir y amar.
Vivir. Sólo vivir.
Vivir y amar.
Vivir. Sólo vivir.
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