Molesta, furiosa, fastidiada, ardida, enojada: así estaba, estoy y estaré, al leer tus palabras.
Y no sé cómo empezar, ya grité, pateé, puñeteé. Sabía que te debía una disculpa, una explicación, un perdón y, otra vez, un adiós... que ganas de decírtelo cara a cara. Sabía que había tardado en dar la iniciativa; sin embargo la di, tarde, pero la di: te envié el mensaje pidiéndote fijar fecha de encuentro...aj. Tú aceptaste. No dijiste cuando, pero intuí, por lo que pusiste, que sí... en serio ese eras tú? Y a la hora de la hora, sorpresivamente hoy, me llega un mensaje tuyo... no tuyo.
Y comenzó a hervirme la sangre.
Sí, yo se que estés molesto, pero ¿En qué momento dejaste de controlar tu tan seudocontrolada molestia? Si, yo se que te falté el respeto y por eso mismo, aún cuando quise abrir tu ventana por facebook chat, até mis manos y me controlé para evitar tipear un par de adjetivos calificativos que, créeme, no te iban a dejar soñar. Porque entiendo todo, absolutamente todo, lo que pudiste llegar a sentir, inclusive el odio; sin embargo, pensé que serias capaz de expresarme tu molestia cara a cara y no redactando palabras fuera de tu léxico que ni que ni siquiera conocías, que ni siquiera pronunciabas... y que nisiquiera venían al caso: otra vez, por milésima vez, aj.
Pateé mi cama, mordí mi lengua para seguir leyendo y, cuando pensé haber podido controlar mi enojo, al leer tu última línea, me entró el descontrol.
"... que tu vida no sea conmigo."
AHI SI ME ENTRO EL DESCONTROL TOTAL. Dime, ¿En qué momento, EN QUE MOMENTO había dicho que quería conversar contigo para regresar? Lo dejé muy claro cuando tipeé el mensaje: quería conversar contigo para disculparme, para darte una explicación, porque yo te falté el respeto y una explicación era lo mínimo que te debía. Era lo mínimo y yo lo sabía; sin embargo, no entiendo cómo en aquel mensaje tan simple y sencillo llegaste a malinterpretar todo lo que te quise decir. No entiendo cómo, después de todo, me creías tan cara dura de decirte para conversar y regresar cuando 1) mis latidos ya no suspiran por ti, desde tiempo atrás y 2) te falté enormemente el respeto, hiriendo tus sentimientos.
No comprendo, no entiendo qué pensabas en el momento en el que escribiste ese mensaje. ¿Eras tú? En serio ¿Eras tú? Porque si bien no merecía un trato bonito, ni lo esperaba realmente, tampoco pensé que llegarías a ser tan diferente, a creer cosas que no son y a ser tan voluble.
Yo te quise, pero hace diez minutos te quise matar. Sin embargo, la cólera ya pasó, ya pateé, ya grité, ya puteé y ya te respondí, coordialmente directa hacia los errores de tu primer mensaje.
Tú también ya respondiste... como tú. Como el que siempre has sido, eres y serás y eso me conforta aunque aún queden residuos de sangre hirviendo por mi cuerpo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario