12 junio 2011

El bacán

Él, que te ve bailar y se acerca a acechar. Él, que intenta moverse con dos pies izquierdos para conquistar. Él, que te susurra al oído latina. Él, que alardea ser bueno en tiro (vale recalcar que con tiro se refiere al acto de cazar palomas y no de tiro al blanco, como yo imaginé). Él que añade tener una puntería excepcional cuando fija un objetivo (objetivo número uno: tú). Él, que se va. Él, a quien, te encuentras. Él, que te vuelve a sacar a bailar. Él, que después de un rato, te intenta besar. Él, a quien rechazas. Él, quien la lucha. Él, a quien le volteas la cara. Él, que, con descargo, te coge de la cintura y te acerca a sí mismo. Él, a quien empujas con sutileza. Él, que insiste. Él de quien, a la hora de irse, te despides.

Él, quien, de repente, juega su última carta...

Y él, a quien te vuelves a encontrar: con una sonrisa, en la puerta de la salida.

Él, otra vez. 

Te cuenta de su carro nuevo que hacía un par de días chocó y tú sólo atinas a decirle que es un imbécil. Habla de ir a una discoteca, tú no puedes. Sigue hablando y te tienes que ir. Te despides. Y cuando ya estás yéndote, te pide un buen beso de despedida. Tú pones los ojos en blanco y subes al carro, pensando que, ese día, encontraste la definición reencarnada de bacán: el que todo es, el que todas se la sabe y al que ninguna le puede decir que no.

Ja. 


El bacán, típico de encontrar en alguna reunión, fiesta y, sobre todo, discoteca. El bacán, aquel que cree poder conseguir lo que quiere, cuando quiere y como quiere. El bacán: él.

Y si supiera que me tomé el tiempo de escribir de él, estoy segura que los humos no cabrían en su rulosa cabeza.

Sé que no nos volveremos a ver, pero ¿Para qué negarlo? me hiciste reír y amo que me hagan reír.

Sí, ¿Para qué negarlo? la pasé bien. De igual forma, ¡Hasta nunca!: Dos palabras típicas que se les dice a un bacán antes que él las diga.

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