Antes, solía pensar que el amor era como el poker. Ahora, después de haber ido al casino, creo que el amor también puede ser como un juego de blackjack.
Esta teoría es igual a la del poker: el amor es como ese juego donde apuestas poco, regular, mucho o todo y de acuerdo a las cartas que te toquen te retiras, ganas o, peor aún, pierdes todo. Sin embargo, la diferencia entre el poker y el blackjack, es que este último le añade un valor agregado muy importante: todo amor tiene un límite y si lo sobrepasas pierdes.
En el caso del blackjack es el número 21; en el caso del amor, todo aquello que soporte tu corazón.
En el caso del blackjack es el número 21; en el caso del amor, todo aquello que soporte tu corazón.
Ahora la pregunta es ¿Cuánto es capaz de soportar tu corazón? En el caso del amor, no hay un límite matemático; sin embargo, siempre hay un límite interno. Para algunos, es el orgullo; para otros, la libertad; para unos cuantos, la diversión y para un escaso par, el miedo.
Yo era parte de ese escaso par: el que imponía a su corazón nunca entregarse por miedo. Miedo a no ser correspondida, miedo a no sentir lo que buscaba sentir. Miedo a que se cansaran de mi. Miedo, miedo y más miedos: ese era mi maldito límite. Sin embargo, rompí la maldición: boté mis miedos.
Y aunque se que este blackjack que es el amor, requerirá que le imponga otro límite, por lo pronto me alegro que, por primera vez en mi vida, sienta que estoy lista.
Lista para tu sonrisa, para tus besos, para tus te quieros.
Ya estoy lista, sólo faltas tú... pero alto: no te apures. Tómate tu tiempo que este corazón sin miedo, quiere explorar otro par de juegos. Sí, tómate tu tiempo que aunque ya deseché mis miedos, falta otro límite para entrar a jugar en aquel blackjack llamado amor.
Yo ando buscando mi límite y ustedes ¿Ya saben cuál es el suyo?
Yo ando buscando mi límite y ustedes ¿Ya saben cuál es el suyo?
No hay comentarios:
Publicar un comentario