30 abril 2011

Son casi las once y quiero llorar.

Ya ni conversamos...

No sé qué ha sucedido: él no parece ser el mismo.

Podemos conversar un rato, pero nuestra química parece tener tiempo límite: dura quince minutos y,de ahí, se acaba. 

Él se apaga lentamente, ya no hay de qué hablar y mi cabeza es incapaz de regenerar preguntas. 

No sé qué ha sucedido: esto no parece ser lo mismo; sin embargo hice una promesa con la moral, un préstamo con el valor y un pacto con el amor que no romperé, porque él no merece eso. Él vale mucho, es un gran chico y, a menos de que él no sienta lo mismo o que me lo diga, mi cabeza no recordará este tema.

Y mi corazón lo ignorará por completo: le debo felicidad y, como hasta ahora, se la seguiré intentando dar.

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