23 abril 2011

Hormonas y alcohol, no muy buena combinación

Y la fiesta comenzó.

Recuerdo cuando llegó y el retorcijón en mi corazón. 
Recuerdo un par de copas y nuestro primer, realmente, beso.
Recuerdo otro par de copas y muchos besos.
Recuerdo un par de bailes y otro par de copas.
Y otro trio de besos.

Recuerdo más y más besos... pero no recuerdo la marca de sus labios en mi cuello. No la recuerdo, pero sé que existe porque fue lo primero que vi en mi reflejo.

Oh, no.
Oh, sí.

Ahora llevo una cafarena puesta para que mi papá no vea las huellas del pecado.

Supongo que eso pasa cuando es el cumpleaños de una de tus mejores amigas, te amistas con una amiga del pasado, dos de tus almas gemelas están contigo, re-conoces a una compañera de colegio y sobre todo, el chico que te encanta esta ahí, contigo, tan cerca tuyo que no lo quieres dejar ir.

Tú, la que dejas ir hasta a tu alma, no lo quieres dejar ir y, peor aún, si tienes en tu sangre 90% de alcohol, no sólo no lo dejas ir, sino que sólo lo quieres para ti.

No digo que volverá a suceder, trataré de que no: evitaré tomar tanto. 
No digo que no volverá a suceder: no controlo el destino.
Sólo digo que él me encanta y esa noche me encantó aún más.

Y sólo digo que no te acostumbres... al menos no por completo.

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