Mi mamá fue de las pocas personas en la tierra que nunca le dijo no al amor, y a cambio, siempre le rompieron el corazón. Así fue que yo aprendí a decir no.
Dejando ir a un amor...
...por asegurar mi corazón
Y tanto no dolió, que me volví adicta al no.
Tomé prisioneras ambas letras y las condené a cadena perpetua dentro de mi corazón.
Tomé prisioneras ambas letras y las condené a cadena perpetua dentro de mi corazón.
Hasta que llegaste tú y después de dieciocho años, vi la luz.
Sí, después de dieciochoaños, dejé el mal hábito; después de dieciocho años dejé ir al prisionero de mis labios; y, después de dieciocho veranos sin sol, primaveras sin flores, inviernos aire y otoños sin hojas... vi tu luz.
Porque dieciocho años tuvieron que pasar, porque tú tuviste que pasar, para recordarme lo fácil que es decir si. Y es tan lindo y pegajoso que ahora no paro de decirlo: Sí, sí, sí.
Sí al amor y, si algún día me lo propones, si a ti.
No hay comentarios:
Publicar un comentario