08 julio 2011

Yo no pienso/quiero hablar de finales otra vez... y menos en prosa III

Ahora mi conciencia tendrá que superarlo: yo, definitivamente, no quiero hablar de finales.

Así que aquí estoy otra vez, volviendo a hablar de  momentos y, a esta hora de la madrugada,  sólo cruzan dos palabras por mi cabeza: malos momentos. O bueno, aquellos momentos que creemos son malos, y digo creemos porque si algo aprendí desde que tengo uso de razón, es que si bien hay momentos terribles, vergonzosos, traumantes, incómodos, fastidiosos... todos tienen una cosa buena en común: cada uno dura lo que dura el momento. 

No sé si me explico... creo que no, pero lo que quiero decir es que, por ejemplo, puede pasar que una noche de aquellas donde estás excesivamente feliz te embriagas y, en tu inconsciencia, terminas besando hardcoremente a ese chico con el que la pasaste bien, una semana atrás.

Él dice muchas cosas, pero tú, bajo los efectos del alcohol, sólo lo quieres besar... besar. 

Y besar.

Al día siguiente te levantas con un terrible dolor de cabeza y con escasos fragmentos de la noche anterior. En esos momentos, te miras al espejo y maldices haber tomado tanto; luego, mientras te cepillas, maldices haber quedado como una de tantas; y, después, cuando estás a punto de tirarte otra vez en tu cama, maldices no recordar casi nada de lo que él había dicho y de lo que tú habías respondido.

¿Terrible? Sí, probablemente puede sonar terrible para alguien que tiene un pacto con la moral, pero ese no era el caso, ese no fue el caso, porque si bien aquel momento fue incómodo, fastidioso, vergonzoso... tú estabas ebria y muy aparte, aquel momento ya había pasado y nadie podía quitarte lo bailado.

Así que ¿Para que arrepentirte de lo que viviste, si en el momento no lo hiciste? Y no es cuestión de sólo superación, es algo más: es... no sé cómo explicarlo, es levantarte ese día de tu cama para hidratar tu cuerpo y, de repente, sonreír recordando un par de besos bajo la escalera y reconociendo que dentro tuyo, como dentro de cada chica, hay una pequeña putita.

No sé si se entendió, no sé si me explique bien, pero lo que quise decir es que si bien hay momentos (seudo) malos, en realidad estos no son eternos, ergo, al final del día estos no existen.

Y el caso que les conté es sólo un pequeño caso en mi lista innumerable de momentos malos (en serio, a estas horas es el unico que recuerdo: necesito dormir).

Aquella lista que saco cada que necesito recordar que la vida se hizo para vivirla. Y yo la estoy viviendo, aprendiendo sí, pero viviendo.

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