-Paciencia, mi vida, paciencia que es lo único que el verdadero amor necesita. Paciencia.
-Lo sé, abue. -Mentí con una sonrisa, di media vuelta y caminé de largo sin rumbo fijo tratando de encontrarle algún error a su teoría del amor.
Tenía que haberlo. Tenía que haber un maldito un error, algún cálculo mal hecho, alguna premisa no divisada. Algo...algo. Me negaba a creer que la fórmula del verdadero amor, ese de los mil y un finales felices, equivaliese sólamente a la paciencia. Me negaba rotundamente porque de no hacerlo, aceptaba que el verdadero amor sólo les pertenecía a los que contaban con esa única cualidad: los pacientes; y de ser así ¿Acaso, nosotros, los impacientes, estamos con condenamos eternamente al mal de amor?
Caminé de derecha a izquierda, de izquierda a derecha buscando una variable que quizás mi abuela había olvidado, caminé, pensé, busqué, hasta el amanecer.
3 comentarios:
Comentando aquí una impaciente mas.
Créale. Su abuela sabe de lo que habla, porque ya pasó por el mismo lugar que transita usted ahora.
Bueh, es una sugerencia, ¿eh?
El Profesor
Si le creería optaría por condenarme a la soledad eterna, pero sé que algo de cierto hay en lo que dice. La experiencia no habla en vano y se que la paciencia, es necesaria, sólo que aún no sé cómo aplicarla.
O quizás tengo miedo de aplicarla.
Gracias por la sugerencia!
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