Para M. C.
Querida Tan Triste:
Comprendo, a pesar de ligaduras indecibles e innumerables, que llegó el momento de agradecernos la intimidad de los últimos meses y decirnos adiós. Todas las ventajas serán tuyas. Creo que nunca nos entendimos de veras; acepto mi culpa, la responsabilidad y el fracaso. Intento excusarme —sólo para nosotros, claro— invocando la dificultad que impone navegar entre dos aguas durante X páginas. Acepto también, como merecidos, los momentos dichosos. En todo caso, perdón. Nunca miré de frente tu cara, nunca te mostré la mía.
J.C.O.
Y ni bien leí el "Para MC" supe que esa carta, aunque no me perteneciese ni en la más loca de las ficciones literatas, le pertenecía a un corazón que busca y rebusca decirte adiós... aún cuando no lo desea, aún cuando ni lo anhela, se despide de ti. A un corazón más triste que el de Tan Triste y nostálgico que JCO. A un corazón, a mi corazón. Y es que así pasa, mi querido, cuando en juegos del amor, apostamos sentimientos que somos incapaces de pagar. Luego, endeudados, huímos de la obligación de dejarnos querer y de aprender a ser queridos.
Prófugos, tú y yo.
Prófugos los dos, porque en algún momento y en algún espacio, ambos nos dejamos llevar por el clímax de la dulzura, envolviendo nuestro cuerpo con versos y trazando coordenadas en nuestros corazones. Ambos nos quisimos, hasta que el azúcar dejó de endulzar y nos volvimos dos extraños. Desaparecimos de nuestras vidas... e incluso nos olvidamos. Así como olvidamos también que el olvido tiene fecha de caducidad y cedimos ante el recuerdo de lo que alguna vez nos perteneció.
Cedimos, regresamos, nos emborrachamos de amor y al día siguiente nos entró la resaca del desamor.
No sé si alguna vez nos amamos, no lo creo, pero sí recuerdo que lo intentamos. Yo, con mis miedos bajo la manga y tu con el recuerdo del fracaso bajo la tuya. Lo intentamos. Casi amamos. Fracasamos.
Cedimos, regresamos, nos emborrachamos de amor y al día siguiente nos entró la resaca del desamor.
No sé si alguna vez nos amamos, no lo creo, pero sí recuerdo que lo intentamos. Yo, con mis miedos bajo la manga y tu con el recuerdo del fracaso bajo la tuya. Lo intentamos. Casi amamos. Fracasamos.
Y ya no hay otra oportunidad para volverlo a intentar, porque así como JCO en su carta yo te digo adiós, mi querido Tan Triste, te digo irremediablemente adiós, como el día al sol, sin ninguna oportunidad de volverse a encontrar.
No me esperes en tu vida, que por lo pronto no me volverás a encontrar, no esperes ver mi anatomía porque ya no la volverás a delinear, no me esperes en tus sueños porque prometo ya no irte a visitar. No me esperes, no me busques, y no pienses que me ames, porque aún cuando crees que si, no lo haces.
No me esperes en tu vida, que por lo pronto no me volverás a encontrar, no esperes ver mi anatomía porque ya no la volverás a delinear, no me esperes en tus sueños porque prometo ya no irte a visitar. No me esperes, no me busques, y no pienses que me ames, porque aún cuando crees que si, no lo haces.
Mi querido Tan Triste, llegó el final y yo tatúo este adiós en lo más profundo de tu corazón, sin vernos los rostros, ni rozar las miradas, como siempre lo hicimos, pero como ya nunca más haremos.
Adiós.
Adiós.
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