22 mayo 2011

Scissors

Dicen que lo peor después de una reunión etílica es no recordar qué pasó, pues se equivocan: lo peor es recordar sólo fragmentos de algo muy malo que pasó. Como ayer, como hoy. 

El karma me pasó factura y se cobró con intereses mi corazón.  Lo sé, pero, sobre todo,  se que no sólo me lo merecía, sino también, que yo lo busqué. Cada fragmento de aquella noche, yo tracé mi destino y, bajo la influencia del alcohol, no fui la manzana de la copa del árbol, ni la princesa que olvidó su zapato; por el contrario, fui la  manzana que cayó rápidamente del árbol, y la princesa que persiguió su zapato.

Fue mi error y hoy, al mirarme al espejo, no reconocí a la chica de ayer. Porque mi esencia, ayer, se perdió; porque mi esencia, ayer, desapareció.
Porque yo me perdí, pero hoy me encontré.

Y se que no soy perfecta; por el contrario, soy una de las personas más imperfectas existentes en la faz de la tierra: despistada, loca, bipolar, insegura, indecisa, ansiosa, inquieta y miles de millones de defectos más. Sin embargo, se  lo que valgo: mucho más de lo que pareció esa noche.
Yo lo sé y eso me basta y sobra.

Cobré mi karma y ya todo pasó: bailé bajo los efectos del alcohol y ya nadie puede retroceder mis pasos o quitarme lo bailado.
Sí, me equivoqué; sí, erré, pero la vida esta para eso: vivir, cometer errores, aprender y, sobre todo, no volver a repetirlos. Mucho menos, después, de que ni ganas tienes de volver a repetirlos. Mucho menos, después, de sentir que ya no quieres volver a repetirlos, porque no. Simplemente, no.

Y ya se cual nunca más volveré a cometer, aunque se que cometeré muchos otros y, si, estoy  lista para equivocarme, porque estos errores tendrán nuevo nombre.

No hay comentarios: