Y regresé a la maldición de un corazón sin latidos, a la diversión del alcohol en grandes copas y a las noches de besos efímeros con amanecidas de resacas eternas. Y regresé... a la era de la ilustración fundamentalista y la revolución científica, donde el amor es una de esas teorías que sólo roba risas.
Y regresé, a los amores de barra olvidados en las esquinas, regresé.
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