Y entonces algo golpeó la puerta de la casa, algo que sonaba muy parecido a una estampada y que se sentía casi exactamente a una estampada.
El corazón se me detuvo y todos volteamos hacia el jardín segundos antes de escuchar un grito y otro golpe que venía de la calle.
Me había equivocado. Creer estaba, estadísticamente comprobado, en área de rechazo porque era un hecho de que alguien había estampado otra persona, lo que significaba que alguien peleaba.
¿Alguien? ¡Los chicos! Pensé, y mi corazón comenzó a latir con desenfreno.
Quisimos salir, pero no nos dejaron, los gritos de afuera ponían la piel de gallina a la señora de la casa y el salir no iba a significar más que un riesgo que ella probablemente no estaba dispuesta a aceptar, peor aún después del pequeño caos que se había ocasionado dentro de la casa tras la puteada del señor, y su sermón de la vida y otros demonios.
Di un largo suspiro, preocupada, mientras consolaba a Brunella y fugazmente pude ver cada uno de los rostros de quienes aún quedábamos. Rostros maldiciendo al fantasma en estado etílico que había estado rondando la casa y que probablemente ahora, estaba lleno de moretones y golpes...brrrrrr, la sóla idea me dio escalofríos.
En ese momento, vino otro golpe más y entre lágrimas y reproches pude escuchar como un chico en el comedor le susurró a otro: "¿Ves? Por eso es que nunca los invitamos...huevones, ¡Y después de quejan!"
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