11 mayo 2010

¿Prevenir o lamentar?

Yo digo que es su mirada.

Obviamente no me gusta, sólo...sólo me gusta hablar, bailar, jugar y reír con él toda la noche. Me gusta que me haga reír, y me cuente cosas que -quizás sólo creo- nadie sabe, me gusta que tenga un pie y medio izquierdo, y cuando golpea de casualidad mi ojo, le de mil besos para que sane...basta.

Lo sé, me estoy lanzando a lo desconocido, mi cordura dio luz verde a mi locura y no existe letrero de alto cada noche, que interrumpa la atracción entre él y yo, en cada uno de esos momentos.  Sin embargo existe algo más poderoso que la interrumpe al amanecer, una fuerza que nadie es capaz de enfrentar: La memoria, los recuerdos. Recuerdos, que en su cabeza, se remontan a más de mil días de ella versus unos pocos de mi. 

Como un recién nacido luchando contra una vida entera.
Como un segundo venciendo el reloj.

Y por más que la frialdad de mi conciencia dice que no hará daño... en lo más profundo del hemisferio izquierdo de mi cerebro...sé que sí.

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